Un grupo de investigadores ha descubierto en Siria las evidencias más antiguas de guerra química, tras estudiar los restos de 20 soldados romanos. La historia tuvo lugar en el siglo III antes de Cristo, en la antigua ciudad de Dura-Europodos situada en la actual Siria; cuando estos soldados romanos que se encontraban excavando un túnel murieron axfisiados en un ataque sorpresa. Un grupo de sasanidas persas -que estaban al acecho- les estaban atacando con un gas letal que acabaría con sus vidas en unos segundos. Este peligroso gas tóxico,-el arma química más antigua de la que se tiene constancia- fué producido por cristales de azufre y betún.
El experto británico Simon James encargado del caso, ha presentado argumentos al estilo ‘CSI’ con relación a los soldados romanos, cuyos restos fueron encontrados en una mina próxima a la ciudad de Dura-Europos, en Siria, según los cuales sus muertes no se produjeron por heridas de espada o lanza, sino por asfixia, motivada por un ataque con gas venenoso.
El lugar de la guerra química más antigua
Dura-Europodos, una ciudad a orillas del Eufrates, fue conquistada por los romanos que instalaron allí una gran guarnición. Alrededor del 256 antes de Cristo, la ciudad fue sometida a un feroz asedio por un ejército enviado por el poderoso Imperio Sasánida. La dramática historia ha sido revelada por restos arqueológicos aunque no está descrita en textos. Las excavaciones durante los años 20 y 30 del siglo XX, relanzadas en los últimos años, han proporcionado descubrimientos truculentos.
Los sasánidas usaron todo el repertorio de antiguas técnicas de asedio para entrar en la ciudad, incluido el minado para reventar las murallas. Los defensores romanos respondieron con contraminas para frustrar estos ataques. En una de esas estrechas galerías se encontraron apilados hace 70 años los restos de un grupo de veinte soldados romanos con sus armas. El profesor James convirtió el lugar en una escena del crimen, en un intento de entender cómo murieron esos soldados.
Sus investigaciones dieron con la causa principal de la muerte.
Los restos encontrados revelaron que los persas utilizaron betún y cristales de azufre para asfixiar a los romanos en pocos segundos. Y es que cuando se encienden estos materiales, emiten densas nubes de gases de asfixia. “Los persas habrían escuchado a los romanos abriendo un tunel y les prepararon una desagradable sorpresa”, explica James. La utilización de estos productos en un asedio con minas ha sido mencionado en textos clásicos. Además, de la evidencia arqueológica se deduce que los persas eran conocedores de esta forma de combate. “Seguramente ellos sabían esta táctica oscura”, asegura el investigador.
Aquí una foto que nos muestra lo que se dedució en las investigaciones. Las minas era un procedimiento que llevaron a cabo los persas y durante toda la Edad Media se siguió llevando a cabo. Consistía en la exacavción de túneles por debajo de las murallas defensivas, y que una vez explotados, provocaban el derrumbamiento de las murallas o la creación de brechas, por las cuales entrar a la ciudad.

Otra de las formas de minar las defensas era la guerra biológica, que consistía en el lanzamiento de cuerpos infectados de enfermedades como la peste dentro de las murallas de la ciudad, ya fuera con catapultas, o colándolos como espías.